Información publicada en GARA el 1 de marzo de 2002.


      Irrupción policial «por error» en la sede nacional de Batasuna

      R. SOLA IRUÑEA

      La nueva sede nacional de Batasuna, estrenada hace apenas unos meses, estuvo a punto de ser registrada por la Guardia Civil aprovechando el operativo abierto hace una semana. El celo de los responsables de la sede abertzale, que leyeron detenidamente la orden judicial, permitió descubrir que ni ése era el local que pretendían registrar ni la persona con la que lo relacionaban ­la joven de Iruñea Ainara Gorostiaga, que fue detenida el domingo en Castellón­ tiene relación laboral con Batasuna.

      El «error» se produjo alrededor de las 11.00, sólo unos minutos después de que concluyera la operación de la calle del Carmen. Guardias civiles encapuchados irrumpieron inesperadamente en la sede llevando una orden judicial. Joseba Permach, coordinador de la Mesa Nacional, les recibió ya en el pasillo interior y reclamó el documento. «Al momento vimos que los datos no se correspondían con nosotros, porque era otra dirección. Querían hacer un registro ilegal», explicó después de que la Policía se retirara.

      «Si no hubiéramos estado aquí, la sede nacional de una formación política y toda su información habría sido registrada para estas horas», denunció Permach, que calificó la irrupción de «confusión interesada» y de «escándalo tremendo. Alguien tendría que preguntarse dónde ocurre esto en Europa, si no es en Turquía», opinó. «El objetivo del saqueo era robar el material político que estamos elaborando para los próximos meses y hacerse una foto militar de una sede ocupada», afirmó.

      Otro fallo más tarde

      La supuesta equivocación de la Guardia Civil se reprodujo unos minutos después, ya que la oficina a la que se dirigieron posteriormente, dentro del complejo de oficinas IWER, tampoco tiene relación laboral alguna con Ainara Gorostiaga, contrariamente a lo que afirmaban los agentes basándose en el auto de registro.

      Según constató GARA, los guardias civiles entraron en esa segunda oficina, dedicada al diseño gráfico, tras forzar la puerta de entrada, ya que no había nadie dentro. Uno de los responsables llegó algo más tarde y les hizo percatarse del error. «No se han llevado nada. Les he preguntado qué pasaba con la puerta, y han contestado que ya hablaríamos».


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